Sí, sé que no suena bien del todo porque le falta un verbo a la frase, pero es que aquí se dice así. Viene a ser un hola, un buenos días, o un qué tal? en el inglés de los australianos. Mañana hará dos semanas que pisé este país y se me han pasado volando y eso que aparte de los primeros ajetreos del principio he hecho más bien poco. Ya tengo casa, vivo en una mini-mansión de 6 habitaciones, dos baños, dos neveras y dos jardines, el de la entrada y el de la parte de atrás. De las 6 habitaciones 5 están ocupadas pero sólo he conseguido ver a mi vecino más lejano, Nathan, un chaval australiano con el que no coincido para nada. El resto de las habitaciones deben estar habitadas por fantasmas porque no hacen ni ruido al caminar, cosa que oiría porque los suelos son de madera.
Aparte de la casa he tenido tiempo de pasear un poco por la ciudad, he visitado el mercado central, el barrio chino (que sólo son dos calles) y me he dado una vuelta por el río Torrens. Éste atraviesa y separa Adelaide centro de North Adelaide, un barrio en una colina que como su nombre indica se encuentra al norte del río.
Ayer (jueves 23 de julio) tuve la oportunidad de ir con Liam (el compañero de casa de Maky y Jocelyn) a un lugar llamado Eagle Mountain Bike Park a las afueras de la ciudad. El tío controla en el tema de las bicis y ayer ibamos a probar a hacer unas fotos de el haciendo cosas por allí. El resultado es el siguiente:
Y por último, la sorpresa del día la dieron unos animalitos muy especiales que andaban por ahí sin que yo supiese que podían estar rondándonos. La zona esta plagada de koalas y según Liam, de vez en cuando se ve algún canguro por allí. Como nadie duda que soy un tipo con mucha suerte, ante mis narices se apareció uno y unos cuantos koalas, de los cuales alguno hasta posó para la cámara. Las fotos de tan gratos momentos:
Sin más, hasta la próxima!
Se me acumulan las cosas, como siempre, voy a intentar contar cositas cronologicamente, es como mejor me apanio.
El jueves dia 9 de julio empezaba la odisea, hacer 17.000 km para llegar hasta Adelaida, la capital de South Australia. Para empezar bien, el primer vuelo (Alicante – Londres) se retraso 4 horas, menos mal que nomepreguntenporque, habia dejado un margen de 5 horas en Londres para cambiar de aeropuerto y esperar con tranquilidad. Bueno, tranquilidad ninguna, corriendo con la maleta una vez pise suelo ingles. Al final llegue con un poco de tiempo y hasta pude comerme un bocadillo de los que me hizo Noelia (*muaaak). Vuelo de 12 horas y media hasta Kuala Lumpur, espera de 5 horas y vuelo de 7 horas directo a Adelaida. En el aeropuerto habia una pequenia delegacion de la universidad que nos llevo a cada uno hasta donde tuviesemos residencia, en mi caso, a casa de Maky, una malaguenia que vale su peso en oro, una dulzura de persona, que buena gente por dios.
Despues de una ducha muy necesaria nos montamos en su furgo y tras recoger a Ruby, Hussein, Eugenia y James nos dirigimos a Victor’s harbor, unos 80 km al sur de Adelaida para ver ballenas!!! Bueno, el trayecto precioso, muy verde (recordatorio – aqui es invierno), muchas ovejas y vacas, un arcoiris precioso y los coches por el otro lado de la carretera, a cada rato me daba el impulso de decir: -que vas por el carril contrario!!- pero me contuve. Llegamos y solo vimos la cola de una ballena bastante lejos, dimos un paseito y vimos la cabeza de un leon marino cerca de unas rocas, pero tambien bastante lejos. No pasa nada, solo el lugar ya merecia la pena el viaje. Como ejemplo, estas fotos:
Despues fuimos a comer algo, unas wedges tipicas (papas fritas con salsa picante dulce y salsa agria) y de vuelta a Adelaida. Por la noche tocaba salir ya que era el ultimo dia para Eu y Hussein. Unas cervezas y al centro. Nos apalancamos un poco en la casa de Hussein y despues fuimos a comer algo a media noche. Yo no daba para mas, habia llegado a las 6 de la maniana a Adelaida y llevaba a mis espaldas mas de 24 horas de maldormir en aviones. Cuando encontre un sofa cai muerto.
Al dia siguiente (ayer domingo) llevamos a Eu y Hussein al aeropuerto, heredamos muchas de sus cosas y volvimos a casa de Maky, cenamos canguro con salsa de cacahuetes dulce y peli. Creo que cuando pille la cama no tarde ni medio segundo en quedarme traspuesto, habian pasado 4 dias sin ver una cama.
Y eso es todo, hoy estoy por la uni, carnet de estudiante y reuniones varias de orientacion (un poco aburridas y enfocadas a gente que sale por primera vez de casa) y a la busqueda de anuncios de habitaciones para alquilar. Me despido hasta la proxima cronica que probablemente sera sobre alojamientos en Adelaida, lo que me encuentre y lo que elija.
(el tema de las enies y los acentos me lo perdonan, teclado americano y pocas ganas de currarmelo)
Saludos a todos!!
Texto por Noelia:
La capital de La República de Hungría (o en húngaro, Magyar Köztársaság) fue la última ciudad que visitamos en nuestro viaje por Europa. Dividida en dos por el Danubio, la conforman las antiguas ciudades de Buda y Pest.
Al bajar del tren te encuentras en una atmosfera totalmente diferente, bajo los indescifrables carteles informativos del andén, viejos jugando al ajedrez, en la entrada, niños gitanos fumando esperando a su próxima presa. Pero la primera impresión de aire post comunista se pasó rápido. Nuestro hostal, justo al lado de la Basílica de San Esteban, resultó ser un apartamento para nosotros solos, edificio patrimonio de la humanidad y con unas vistas impresionantes.
Imprescindible en esta ciudad es visitar Buda, no solo para ver el castillo y el bastión de los pescadores sino por las vistas de Pest, con el Danubio y el parlamento en primer plano. Dar un paseo por la noche a la orilla del río y ver los magníficos puentes iluminados. Pero sobretodo lo que uno no se puede perder es disfrutar de un concierto de música húngara. Budapest es una ciudad musical, y puedes encontrar conciertos en directo en muchos pubs, si los encuentras eso sí, porque la mayoría no tienen cartel.
El último día en Budapest lo reservamos para ir a un baño termal, en la ciudad hay cientos para elegir entre medicinales, turcos, liberales, muy liberales… El que disfrutamos, situado en medio de un enorme parque era precioso por dentro y por fuera, de piscinas cubiertas y al aire libre, todas con distintas temperaturas, saunas, gente jugando al ajedrez en el agua y un rarísimo sistema de taquillas.
Seguramente me dejaré mil cosas que contar, pero es una ciudad para visitar, y por mucho tiempo que estés siempre te quedará la sensación de que tienes mil cosas por descubrir.













